Último Adiós al “Prieto” Ibarría
Con su muerte, empieza la leyenda del Prieto Ibarría.
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ADAN LEYVA
Puerto Vallarta, Jal.
20 / SEPTIEMBRE / 2017
Entre Piales y Manganas
Él Falleció el Lunes
Cristiana Sepultura
Era Muy Amistoso

El ícono de la charrería costeña murió la mañana del lunes 18 en el seno familiar, luego de una larga serie de dolencias que lo estaban haciendo vivir una penitencia, la noticias consternó a buena parte de la sociedad vallartense, debido a que era muy querido en su Puerto Vallarta del alma.

No se diga en el ámbito de la charrería, una de sus pasiones, que supo vivir y gozar como el que más y que mejor que sus hijos le respondieron y los cinco varones pues mejor.

Le sobrevive su esposa doña Elsa María López, así como sus hijos: Daniel, José María, Jesús, Felipe, Juan Ramón y sus hijas Alicia y Lupita. Todos estuvieron en los servicios fúnebres, sólo faltó Lupita quien vive en USA y problemas técnicos no la dejaron venir acompañar al famoso “Prieto”.

Él fue todo un referente de la charrería en la región, y quien tuvo una participación fundamental en la producción de ganado para alimentar a la población de Puerto Vallarta y Bahía de Banderas durante aproximadamente dos décadas, cuando los caminos eran de difícil acceso y solamente a caballo se podía hacer llegar a los animales. Y eran hasta 200 mancuernas para la siembra, dice en una entrevista.

El fallecimiento de Don Miguel “Prieto” Ibarría se da a sólo unos meses de la declaratoria de la charrería como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, hecha por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) que consideró a esta actividad como un medio para transmitir valores sociales y un estilo de vida a las nuevas generaciones.

Ahí en el seno de la familia Ibarría siempre se han tratado de mantener esos valores, que tanto hacen falta en los jóvenes, porque ellos siempre se han preocupado por los sobrinos, los ahijados, no se diga los nietos de los cuales don Miguel tenía 27 y 25 bisnietos.

El cortejo fúnebre llegó en punto de las cuatro de la tarde al templo de Nuestra Señora de Guadalupe, en el mero centro de la ciudad, donde el recinto religioso ya mostraba un lleno que sólo cuando las peregrinaciones guadalupanas se ven.

Don Miguel “Prieto” Ibarría gozó en vida de la amistad de muchas personas que lo recordaron como un hombre alegre, honesto, trabajador y con un gran donde gente, pues la bonhomía de este hombre es recordada por quienes trabajaron con él.

Hombre fiel a sus convicciones, recibió una emotiva despedida con mariachis que interpretaron sentidas melodías que llenaron de recuerdos a los asistentes y evocaron el recuerdo de Don Miguel, un ícono de la charrería en Puerto Vallarta y Bahía de Banderas. Acá vimos a gente charra de Nayarit, andaba el famoso "Pirul" González junto con el amigo Ibarra, A los Ramírez y a muchos más.

Saliendo del templo, el cortejo recorrió las calles del centro de la ciudad, toda la calle Juárez hasta llegar a la Colombia, luego agarrar San Salvador y así subir hasta el panteón de la colonia 5 de Diciembre, para ser enterrado junto con su hermano Chema, que le ganó la partida hace algunos años. Daniel llevaba de la rienda a uno de los caballos de don Miguel y alguien me preguntó: Ese era su caballo, le dije No todos los caballos del rancho son de él...

Ahí estuvieron muchos amigos, muchos familiares y vecinos de la zona sorprendidos por las muestras de cariño de la familia Ibarría a su patriarca.

Sus hijos le dedicaron muchas oraciones en voz alta, plegarias y canciones, no se digan canciones, la “prieta linda”, el “final” y muchas más que a don “Prieto” le gustaban.

Ha muerto don Miguel Ibarría González y como dice el amigo CASAMA y ha nacido la leyenda.

Un gran paquete les deja don Miguel a sus hijos y sobre todo con ese torneo anual que debe de seguir arrastrando multitudes y más ahora que ya caben bien, con la remodelación que le han dado al lienzo charro que lleva su nombre.

Aquí les dejo unas sentidas palabras de su hijo Daniel Ibarría: “Yo soy el hijo mayor de él y me dio la oportunidad de estar con él aprovechando lo bueno de su conocimiento, de su sabiduría, de su manera de ser como gente, como trabajador, como papá, su manera de expresarse en el trabajo y conmigo como hijo.

Él y yo después de ser su hijo nos hicimos muy buenos amigos, y platicábamos de detalles, de cosas de la vida que él nos platicaba para que yo me instruyera”.



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